36.Kubja recibe la Gracia, y el rompimiento del Arco

36.Kubja recibe la Gracia, y el rompimiento del Arco

36.Kubja recibe la Gracia, y el rompimiento del Arco

Caminando por las calles de reinado, Krsna vio a Kubja, la sirvienta jorobada de Kamsa, cargando una bandeja con aceites corporales. La joven de hermoso rostro fue indagada por Krsna:

¿Quién eres tú, joven de hermosos muslos? ¡Oh, tienes aceites! Dime, por favor, ¿a quién están destinados estos ungüentos, mi querida? “Por favor, ofrézcanos uno de ellos, y prontamente serás bendecida con el más levado beneficio supremo.”

La sirvienta contestó: “¡Oh Hermoso, soy la sirvienta de Kamsa, conocida como Trivakra, y de hecho, muy respetada por mi servicio de preparar aceites para el jefe de los Bojas, pero ¿ustedes dos, por qué razón los merecían?”

Con su mente, atrapada por la belleza, encanto, dulzura, sonrisas, palabras y miradas de Krsna, ella dio a Krsna y Balarama una generosa cantidad de aceites.

Ungidos con estos excelentes aceites, los cuales Les adornaban con el matiz de Sus cuerpos, los dos Señores estaban extremadamente hermosos.

El Señor Krsna estaba complacido con Trivakra, y decidió arreglar la joroba de esta muchacha de rostro hermoso, demostrándole así el resultado de haberlo visto a Él. 

El Señor Acyuta  con Sus pies sostuvo los dedos de los pies de ella, y con una mano en su barbilla la estiró, enderezando su cabeza. Con un solo toque del Señor Mukunda, Trivakra fue transformada de inmediato en una hermosa mujer elegante, con todo su cuerpo bien delineado. Ahora, llena de belleza, carácter y generosidad, Trivakra empezó a sentir una cierta lujuria por el Señor Kesava. Sosteniendo las vestimentas superiores de Krsna, ella le sonrió diciéndole: ¡Venga, oh héroe, vamos para mi casa. No puedo dejarlo aquí. ¡Oh el mejor de los varones! ¡Por favor, sé piadoso conmigo, ya que agitaste  mi mente!”

Krsna entonces primero miró a Balarama, que estaba ahí observando todo, y  a los demás pastorcillos.

Luego, con una risa, Krsna le contestó:

“¡Oh dama de cejas hermosas!, tan pronto Yo lleve a cabo mis propósitos, seguramente haré una visita a su casa, donde los hombres pueden aliviarse de sus ansiedades. De hecho, usted es el mejor refugio para los viajeros sin hogar.”

Después de salvar a Kubja, el Señor Krsna y los gopas se fueron. Los comerciantes en el camino Los reverenciaban y Les ofrecían varios regalos, incluyendo pan, guirnaldas y sustancias aromáticas. La visión de Krsna  despertó el Cupido en los corazones de las mujeres de la ciudad. Por lo tanto, agitadas, ellas se olvidaban de sí mismas. Sus vestimentas, sus trenzas y brazaletes se convirtieron en un desorden, y se quedaron inmóviles como estatuas.

A seguir, el Señor Krsna preguntó a los habitantes del local, donde estaba la arena en la cual se iban a llevar a cabo el sacrificio del arco. En el sitio, ellos vieron un enorme arco en la arena. Los hombres más fuertes lo custodiaban.

Al acercarse, Él vio el enorme arco que se asemejaba al Señor Indra. El más opulento arco era custodiado por un numeroso grupo de hombres, que respetuosamente lo adoraban. Era un arco tan pesado que fueron necesarios cinco mil hombres para llevarlo. Era hecho de ocho tipos de metales y pesaba cien mil libras (bharas). Hace mucho tiempo, el Señor Parashurama había regalado este arco al rey Kamsa.

Krsna abrió el paso, y, a pesar de los intentos de los guardias para detenerlo, lo agarró. Erguiendo con la mayor facilidad el arco con su mano izquierda, Krsna lo tomó en una fracción de segundos, mientras los guardias lo observaban. Luego, poderosamente halló  la cuerda del arco y lo rompió por la mitad, como un elefante excitado rompiendo un tallo de caña de azúcar. El sonido de la rotura del arco resonó por toda la tierra y el cielo, por todas las direcciones.

Al escuchar este sonido, Kamsa se atemorizó. Los guardias enojados, agarraron sus armas y tratando de capturar a Krsna y Sus amigos, los rodearon gritando: “¡Agárrenlo! ¡Mátenlo! 

Al ver sus malas intenciones, Balarama y Keshava, con un pedazo del arco en las manos, los golpearon violentamente. Después de haber matado también el ejército enviado por Kamsa, los Dos salieron felices de la arena y fueron a mirar la opulencia de la ciudad.

Los ciudadanos testimoniaron aquel acto heroico en lo que fueron considerados por su fuerza y audacia como los mejores dioses.

Las damas de Mathura decían: “Mientras miramos el Señor Krsna, quien eclipsa la gloria de millones de Kamadevas, los deseos amorosos entran en todos los miembros de nuestros cuerpos. Mirando al Señor Krsna, nos quedamos desconcertadas de amor por Él. Nunca hemos visto extremidades tan hermosas y encantadoras como las de Él. ¿Cómo puede haber tanta dulzura en un solo lugar? Mirándolo, nuestros ojos se han vuelto como polillas volando en un incendio. ¡Oh amiga! ¿Cómo mis ojos pueden ver alguien tan hermoso? Mientras nuestros ojos miran los miembros del Señor Krsna, nos quedamos llenas de bienaventuranza y nuestros pensamientos se sumergen en el océano de Su belleza”. En este día que las damas vieron a Krsna, también Lo vieron en sus sueños.

Al la puesta del sol, Krsna y Balarama acompañados por los gopas, salieron de la ciudad, donde tenían sus carruajes, a dar un paseo.

Después de haber lavado los pies, Los dos Señores comieron arroz dulce. Entonces, aun sabiendo de las intenciones de Kamsa, Ellos pasaron la noche allí tranquilamente.

El malvado Kamsa, a su vez, estaba aterrorizado al escuchar como Krsna y Balarama rompieron el arco y mataron sus guardias y soldados, como si fuera un juego. Él se quedó despierto un largo tiempo, y tanto dormido cuanto despierto, tenía sueños inauspiciosos de los mensajeros de la muerte.

Cuando se miró en el espejo, no vio su cabeza, sin razón la luna y las estrellas aparecieron doble, vio un agujero en su sombra,  no podía oír el sonido de su respiración; los árboles parecían cubiertos con matices dorados; y no podría ver sus huellas. Soñó que estaba siendo abrazado por fantasmas; montado en un burro y tomando veneno, y también con un hombre desnudo untado con aceite que pasaba con una guirnalda de flores. Viendo estos y otros presagios, tanto durante el sueño como en la vigilia, Kamsa estaba aterrorizado ante la perspectiva de la muerte, y lleno de ansiedad, no podría dormir.

Cuando terminó la noche, y el sol se levantó, Kamsa había planeado el festival de lucha libre. Los hombres del rey tocaban los instrumentos musicales en la arena decorada con guirnaldas, banderines, cintas y arcos. Los ciudadanos vinieron de los suburbios encabezados por los funcionarios estatales y los brahmanas, los cuales fueron asignados a los asientos especiales de la realeza.

Rodeado por sus ministros, Kamsa tomó asiento en el estrado imperial. Aun sentado entre los gobernadores provinciales, su corazón latía fuertemente. Mientras los instrumentos musicales sonaban anunciando el inicio de la lucha, los luchadores orgullosamente entraron en la arena y se sentaron en sus sillas. Entusiasmados por la música, Canura, Mustika, Kuta, Sala y Tosala se sentaron en las esterillas. Nanda Maharaj y los pastores, convocados por el Rey de los Bhojas, presentaron sus regalos y tomaron  asientos en una de las galerías.